
La cafeína es uno de los compuestos más utilizados en el mundo, ya sea para mejorar el enfoque, la energía, el rendimiento físico o el desempeño cognitivo. Sin embargo, en la práctica clínica es común observar respuestas completamente diferentes entre pacientes: algunos reportan mejoras claras en el rendimiento y la disposición, mientras que otros desarrollan ansiedad, taquicardia, insomnio o simplemente no perciben ningún beneficio.
Esta variabilidad no es aleatoria. Está fuertemente relacionada con la genética.
¿Por qué la cafeína no funciona igual para todos?
La acción de la cafeína en el organismo no depende únicamente de la dosis ingerida, sino de cómo el cuerpo reconoce, responde y metaboliza esta sustancia.
Uno de los puntos clave está en los receptores de adenosina, responsables de regular el estado de alerta, la fatiga, la respuesta al ejercicio y el sistema hormonal.
La cafeína actúa bloqueando estos receptores, pero no todas las personas poseen el mismo mecanismo genético frente a este bloqueo. Aquí es donde entran en juego variantes genéticas específicas que modulan la respuesta a la cafeína.
El papel de la genética en la respuesta a la cafeína
Algunas variantes genéticas modifican la forma en que el organismo responde a la cafeína, influyendo en:
Aumento de la vigilancia y la concentración durante el ejercicio
Mejora del rendimiento físico en el entrenamiento
Modulación de la respuesta hormonal al ejercicio
Retraso de la fatiga y reducción de la percepción de esfuerzo
Mayor riesgo de efectos adversos como ansiedad, palpitaciones y trastornos del sueño
En la práctica, esto explica por qué dos personas que consumen la misma dosis pueden tener experiencias completamente opuestas.
Cafeína, genética y rendimiento físico: ¿qué cambia en la práctica?
En contextos de ejercicio y rendimiento, la cafeína puede influir en:
Capacidad de esfuerzo
Respuesta anabólica al entrenamiento
Sensación de fatiga
Recuperación
Sin embargo, individuos con determinadas variantes genéticas tienden a obtener mayores beneficios ergogénicos, mientras que otros pueden presentar respuestas discretas, nulas o incluso negativas, como un aumento excesivo del estrés fisiológico.
Esto refuerza un punto esencial: la cafeína no es universalmente beneficiosa.
¿Cuándo la cafeína puede ser perjudicial?
En la práctica clínica, algunos signos sugieren que la cafeína no está siendo bien tolerada:
Ansiedad o irritabilidad tras su consumo
Empeoramiento de la calidad del sueño, incluso con dosis bajas
Taquicardia o sensación de “corazón acelerado”
Disminución del rendimiento en lugar de mejora
En muchos de estos casos, la causa no es el exceso de cafeína, sino una predisposición genética a una mayor sensibilidad.
Aplicación clínica: cómo usar la genética para personalizar la cafeína
La evaluación genética permite:
Identificar pacientes que se benefician del consumo de cafeína
Reconocer aquellos con mayor riesgo de efectos secundarios
Ajustar dosis, horario e indicación de uso
Evitar estrategias genéricas que generan frustración clínica
En lugar de preguntar “¿cuál es la dosis ideal de cafeína?”, la pregunta pasa a ser:
“¿este paciente es un buen candidato para el uso de cafeína?”
Conclusión
La cafeína es una herramienta potente, pero no es neutra ni universal. La genética explica gran parte de las diferencias de respuesta observadas en la práctica clínica y deportiva.
Integrar la información genética en la prescripción permite abandonar el modelo de prueba y error y avanzar hacia un enfoque más preciso, seguro e individualizado, especialmente en contextos de rendimiento, enfoque cognitivo y salud metabólica.
Referencia científica
Rahimi MR et al.
Effect of ADORA2A gene polymorphism and acute caffeine supplementation on hormonal response to resistance exercise.
Nutrients, 2024.





